Victoria Ocampo

Pilar Macchiavello, Agosto 2018.

Biografía novelada breve de
Victoria Ocampo (Abril 7, 1890 – Enero 27, 1979).

A mi me nombraron con descaro: Ramona (nombre que decidí no utilizar de adulta) me empujaba a defender mis creencias con mi inteligencia (no con las armas) y en una época donde las mujeres no podían acceder a ser profesionales, llevaba aparte un nombre que me empujaba a que triunfara y venciera: Victoria.  

Nací en tiempos cuando las mujeres tejían, bordaban, practicaban religión y yo quería ser actriz, escribir literatura, montar caballo, manejar autos y, por supuesto, no ponía interés en la fe o casarme.  

Me eduqué en francés, y recién a los 30 años me sentí cómoda escribiendo en español para poder compartir mis ideas y pensamientos en Argentina y Latinoamérica.  

Cuando tenía 40 años fundé la revista “Sur”, un verdadero desafío en un país envuelto en disturbios políticos donde la libertad de expresión era perseguida. “Sur” fue la mayor revista literaria de Latinoamérica durante casi una década.  

Me diagnosticaron cáncer de laringe y no podía comunicarme sin asistencia, una ironía que no me esperaba.

“Durante los primeros años, no había sumario que no fuera examinado, encargado por mí, de acuerdo con mis preferencias. Más tarde dejé mucha más libertad (a veces casi toda) en manos de amigos colaboradores en quienes confiaba. En 1929 habían clamado por una revista de calidad literaria: ahí la tenían, en marcha.” – Victoria Ocampo  

Milité contra mi gobierno y fui encarcelada.

Tuve amor en mi vida. Pude decir que fui feliz. No tuve hijos pero mis hijos eran mis libros y mis projector literarios… de esos tuve muchos y exitosos. Fui una madre dedicada.  

“Tu recuerdo está en todo lo que alienta, y en todo lo que amo». – Julián Martínez (amante)  

Me diagnosticaron cáncer de laringe y no podía comunicarme sin asistencia, una ironía que no me esperaba. Dos años antes de morir fui la primera mujer en ser parte de la Academia Argentina de letras.  

Morí a los 88 años con logros literarios que me ofrecieron la victoria, utilizando mi inteligencia (no las armas) y ayudaron a un cambio (político, social y literario).  

Dejé un legado… no inmenso, pero del justo tamaño que mi capacidad me permitía. Nunca seamos menos de lo que somos capaces. Mejor romper límites y barreras que vivir encerrada en nuestra propia naturaleza.