Susan Laflesche

Pilar Macchiavello, Octubre 2018.

Biografía novelada breve de Susan LaFlesche Picotte (Junio 17, 1865 – Septiembre 18, 1915). 

Los mayores de nuestra tribu dice que si eres bueno, irás con los fantasmas buenos, pero si eres malo, irás con los fantasmas malos. Estoy sentada a su lado, sosteniendo su mano, hablando palabras de aliento en su oído, acompañándola como puedo. Ella está acostada, con los ojos cerrados y una expresión de dolor congelada en su rostro, pero no emite sonido, sólo espera. Las dos esperamos.  

Han ido a buscar el médico de la ciudad más cercana. Nuestro mensajero va a caballo, vuela como el viento, pero ya ha regresado tres veces y siempre solo. Pienso en ella, ¿a dónde irá luego de su muerte?  

Yo confío en el futuro de su espíritu, pero estoy preocupada por el presente de su cuerpo y si va a poder acompañarla más tiempo, esperando la llegada del médico. Nuestra medicina indígena tiene un límite y ella está conociéndolo hoy, y yo lo estoy conociendo con ella. Mi padre siempre nos dice “¿Siempre quieres que te llamen simplemente india o quieres ir a la escuela y ser alguien en el mundo?”. Hoy quiero ser la mano que la cura.  

Y yo me quedo, sosteniendo su mano, incrédula, pero decidida: no quiero ser sólo una india, quiero ser alguien en este mundo.  

Quiero tener el conocimiento y la capacidad de alejar los males que la aquejan, de que ese límite se retire y expanda; que podamos cuidarnos a nosotros mismos sin contar con la ayuda de un blanco que elije no ejercer medicina con pacientes como nosotros: Indios. Ese médico hoy tiene el poder de nuestro Ser Supremo, y no entiendo como un simple mortal puede sostener la suerte de una vida en sus manos y decide dejarla caer, despedazarse y morir.  

“Era sólo una india”, recordaría más tarde, “pero no importaba”.  

Escucho los cascos de un caballo, voces apuradas exigiendo respuesta, pero nadie abre nuestra puerta de madera. Luego el silencio. Y sin que nadie se lo confirme, ella también lo sabe. Hoy es su último día en este cuerpo. Me aprieta la mano con fuerza, todavía sin abrir los ojos pero ya el dolor es secundario; la resignación toma su mente y ya no hay pelea en su cuerpo. Veo el momento en que solamente se entrega. Ya ella no está con nosotros, se ha ido con los fantasmas buenos. Y yo me quedo, sosteniendo su mano, incrédula, pero decidida: no quiero ser sólo una india, quiero ser alguien en este mundo.  

“Los blancos han alcanzado un alto nivel de civilización, pero ¿cuántos años les ha llevado? Sólo estamos empezando, así que no trates de rebajarnos, ayúdanos a subir más alto. Danos una oportunidad.”