Aloha Wanderwell Baker

Pilar Macchiavello, Enero, 2019.

Biografía novelada breve de Idris “Aloha” Wanderwell Baker (Octubre 13, 1906 – Junio 4, 1996). 

Ellos se esconden de nosotros al vernos llegar. Se agazapan detrás de los matorrales y esperan a que nos vayamos de sus tierras.
No son amigables con lo desconocido. Han sufrido esclavitud y persecución, protegen a los menores de la tribu manteniéndose alejados de la civilización que cambia, avanza, progresa; mientras ellos viven en un tiempo detenido hace siglos atrás.
En otras palabras, todas las reuniones con el hombre blanco resultaron en una pérdida considerable por parte de los Bororo que no saben esperar otra cosa de nosotros.
Me acerco a un tronco tumbado en la tierra y apoyo los espejos que trajimos de regalo.
Utilizando la historia como guion, y sabiendo sobre su naturaleza curiosa, estos espejos son nuestra ofrenda para que nos permitan conocerlos.
Hay un árbol cerca, y decido treparme para poder ver mejor lo que sucede abajo.
Cap filma todo escondido atrás de un árbol, no queremos perder ni un momento de lo que está pasando.
No tenemos que esperar mucho para verlos aventurarse fuera de sus escondites y acercarse a los espejos. Llevan unos taparrabos y adornos en sus brazos. Caminan juntos, a la expectativa de lo que pueda suceder. Agarran los espejos con tiento, y aprovecho este momento para bajar despacio del árbol y acercarme con las manos en alto, sonriendo, tratando de mostrarles con gestos y mi postura que venimos sin ánimo de lastimarlos. Ese momento fue decisivo para que nos permitieran incluirnos en su comunidad.  

“El mundo entero estaba ahí fuera… el éxtasis, la emoción deslumbrante”.

Tienen su aldea instalada en el medio de la selva amazónica. Sus herramientas son precarias, pero útiles para la cantidad de recursos que la vegetación y los animales de la selva les ofrecen.
El río das Mortes les brinda acceso a la pesca y agua. Su ubicación en la selva es primitiva pero inteligentemente pensada. Es una aldea pequeña, en comparación a nuestras ciudades, pero su población es numerosa y activa. Me esperan 6 semanas de convivencia con ellos y estoy entusiasmada de aprender sus formas.
El mundo entero estaba ahí fuera… el éxtasis, la emoción deslumbrante.
Yo me encargo de documentar sus hábitos, filmarlos en actividad. Para ellos nuestra cámara es un espíritu. Todavía no muy convencidos de si es un espíritu bueno o malo, pero nos dejan utilizarla a discreción y no perdemos oportunidad de grabarlos mientras cocinan, cuando las mujeres realizan los trabajos pesados de colectar grano y molerlo, cuando los niños juegan, mientras los hombres realizan sus reuniones con el chamán de la tribu.
La jerarquía de la aldea juega un papel importante, pero a pesar de ser mujer, ellos me permiten participar en sus eventos porque entienden que no pertenezco a su raza, y su jerarquía no aplica en mi persona.
Mis pantalones contra sus taparrabos. Mi botas contra sus pies descalzos. Mi cámara contra sus ojos desnudos que todo lo aprecian. Mis viajes contra su asentamiento.
A mis 24 años, haber llegado a este lugar remoto del mundo, siendo la primer mujer en conducir un auto alrededor del mundo, habiendo dejado mi familia para satisfacer mis deseos de exploración, entiendo las diferencias que ellos ven en mi: ellos que están contentos con lo que tienen, dónde viven y satisfechos con su vida… mientras yo, tengo este impulso constante de moverme, trasladarme, conocer, aprender, y documentar.  

“La gente no puede comprender, nunca podría entenderme, estoy segura. Algo impulsó esta pasión por los viajes. Yo no sería detenida” – Idris “Aloha” Wanderwell Baker